Con la mirada en el techo, la luz apagada, y silencio de la noche, flotan en la habitación las ideas que evito durante el dia, suspendidas en el aire y una a una caen sobre mi…
“Enfermo de pasiones, de la búsqueda infructuosa de “ella”, también de escribir al aire, al vacio… condenado al olvido…”
“Soñando lo imposible, viviendo lo inevitable, con el dolor de ti, de tu ausencia, en mi eterno esperar, sin una luz tuya, en mi completa oscuridad.”
“Inevitable conocerte, amarte, perderte… un espejo más, inconstante, deambulando por la niebla de los recuerdos y los deseos.”
“En la nostalgia de una mirada, el viento es mi cómplice, la soledad mi consorte… no debo extrañar… me es preciso olvidar.”
“Errante, al inicio de la eternidad, con el sabor de tus labios en mi piel. Agua y fuego, de nada sirven si no estás aquí.”
En mi cama, mirando las ideas caer, se me ocurre preguntar si ¿ya he despertado o apenas es el inicio de una noche más?
Sus huesos se llenaron de espuma y un temblor frío recorrió su espina al escuchar la voz lejana, su aliento se detuvo y el corazón le dio ese típico vuelco provocado por las más atípicas razones. El vacío inmediato que llenó su estomago le recordóla sensaciónque había tenido a las 10 años en su primer beso con la mocosa inalcanzable por las manos mortales de los mocosos de primaria y cuya marca húmeda y calida en sus labios vírgenes le habría de provocar una fiebre de los diablos durante 3 días.
Allí estaba él, como cualquier día en la hora de la noche, sosteniendo el teléfono de siempre, con la mano izquierda como de costumbre, acostado en una cama que no era la suya y en la que ninguna mujer se habría de acostar en por lo menos los próximos 5 años, respondiendo una llamada en el celular
Los ojos de cotidiana expresión triste, se tornaron en un confuso “azul de media noche en luna llena”, o alguno de esos colores nocturnos tantas veces mencionados y que nadie a ciencia cierta conoce, pero que sirven muy bien para explicar lo que con colores primarios o secundarios, si es que existen, no es posible.
La palabra “hola” se congelo en su garganta y gracias a un fortuito atisbo de divinidad pudo decir lo que siempre respondía ante cualquier llamado: “¿cómo estas?”
Pues sí, allí estaba él, en una ciudad cualquiera con el teléfono en una mano y en la otra un corazón que ya estaba resignado a morir con la desdicha de no verla más pero que ahora no sabía si morir de la emoción, la esperanza o de los nervios, jodida cosa, en todo caso habría de morir.
Al otro lado de la línea en una ciudad lejana, en un horario diferente estaba “Ella” y hoy, muchos años después de ver a mi hermano contestar esa llamada, trato de imaginar lo que “Ella” pudo sentir ese día al escuchar la voz de “Él”, y me gusta pensar que tal vez, se le llenaron de espuma los huesos también.
- Ella está en el norte, donde el clima es extremo…
- ¿Aun la extrañas?
- Si, mas he aprendido a disfrutar el tiempo y la distancia que nos separan. Ella se convirtio en una utopia que me ayuda a seguir adelante. La tomo con el amor, cariño y deseo propio de la misma, sin más ni menos.
La deseo, la añoro, la extraño, la sigo e idealizo y al mismo tiempo procuro no alcanzarla y cuando está cerca la dejo pasar como la arena del mar en las manos para que sea mia por un instante, tan solo para recordarme que existe y que, al estar en este mundo, hace de él un lugar maravilloso.
Una mirada, solo eso me queda y en lo efímero de un sueño, en lo tonto de un destino, un beso me bastó para no olvidarte nunca.
Ahora viajo tratando de alejarme de ti, de tu voz que me atormenta, de tus letras que me llenan, del incesante recuerdo tuyo que me asfixia, de todo aquello que nunca pasó y que ahora no cesa…
Viajando sin ti, con tu recuerdo a cuestas, con el deseo en mi carne y, en mi alma, tu eternidad…
Viajando, tratando de alejarme, me he dado cuenta que a cada paso que doy, estás, inevitablemente más cerca.
Al final, volveré a verte y en el séptimo día volveré a amarte, aunque eso tenga como destino inevitable, mi muerte
Este escrito no es mio, pertenece a Tonificante, publicado en su blog “Uniendo casualidades” y creo sinceramente, que fue una bella casualidad la que me llevo a leerlo hace tiempo y no he querido dejar pasar la oportunidad de hacer que llegue a alguien más.
Espero que disfruten de este Estallido tanto o un poco más de lo que lo disfrute yo.
K.S.
Una embriagadora felicidad le regocijaba el corazón. Una liviana sensación le subía por el estómago hasta tensar sus músculos faciales fijándole una sonrisa tonta y permanente. Estaba borracho de alegría, loco de contento, la adrenalina a tope, en el séptimo cielo. ¿Y todo, por qué? ¿Estaba enamorado? Mucho más que esto. ¿Correspondido? A ver, no nos pasemos, eso es casi imposible que suceda y hasta que no me pase a mi yo no me lo creo.
Tenía una razón. Una sola imagen poblaba su cabeza, su imaginación entera, no había nada más. Solo sabía que estaba muy bien, seguro de que la vida le sonreía y, por ello, él le devolvía la sonrisa. Esa imagen era próxima, se sentía unido a ella por lazos de un cariño protector de las hostilidades de la vida. Ella. La chica que él amaba no sólo le había mirado a los ojos largamente (o así se lo había parecido) sino que había girado levemente el cuello mostrándole su mejilla izquierda para que él estampara dulcemente un sonoro beso. Una señal, una concesión, un gesto cotidiano para muchos pero especial en su caso. Había sabido interpretar sus aspiraciones, sus deseos y, a modo de premio, le había facilitado un primer contacto entre sus labios y ella.
Volvía a su casa a paso ligero, al trote, haciendo sonar las llaves que se meneaban dentro de su pantalón. Escuchaba música en su MP3. Hacía un día soleado, ya atardecía. Hacía media hora que había estado con Ella y su recuerdo florecía y reverdecía en él. Esas sensaciones, el beso y la música se entremezclaban, combatían, subían y revoloteaban dentro de sí. Finalmente se impuso la música solemne, potente que iría para siempre indisociablemente ligada a las escenas del día, de su día. Al poco de llegar a su portal pasó por debajo de una casa, por un pasaje oscuro que la atravesaba, un corto túnel de unos cinco metros. Apenas estaba iluminado por un viejo y sucio fanal que resplandecía vagamente una luz anaranjada, moribunda. Al otro lado sólo sombras. Sombras movedizas se agolpaban y separaban bruscamente. Y sucedió.
Una pelea absurda en un atardecer cualquiera. Un chico que aparece repentinamente y que sin comerlo ni beberlo recibe un golpe mortal. Un palo de madera sólida impactó en su cabeza y la música, su idea, su día, su chica, todo… estalló en él. Sin embargo la canción de su MP3 siguió sonando, indiferente.